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El lugar es
increíble, lleno de recuerdos y antigüedades.
Todo aquél que visita el
pueblo no puede dejar de hablar con Tito y Gladys, los dueños del lugar.
Son personas excelentes muy cálidas y muy agradecidos de recibir
gente.
A demás de ir a comer, merendar o ir a cenar pueden a tomar un
café o unos mates con algún dulce casero con tostadas y el lugar
inevitablemente los traslada a otro espacio - tiempo.
La curiosidad por todos los accesorios que hay nos lleva obligadamente a
preguntar; aunque Tito y Gladys no se conforman sólo con eso, y lo mas
seguro es que se sienten a contar historias increibles vivídas por ellos,
por sus abuelos o por su pueblo. Historias que van desde la infancia de un
Campora, hasta la Posta de Figueroa, pasando por la libreta del almacenero
y otros bloopers gauchescos. Noches de asado o de pastas, con o sin
guitarra, en una casona que es un verdadero anticuario. Escriban para
consultar por peñas o fiestas que realizan.
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